En una sociedad marcada por la productividad y la inmediatez, el cuidado corre el riesgo de quedar relegado a un segundo plano e incluso desaparecer. Sin embargo, ¿qué hay más humano y más real que cuidar?
Cuidar no es solo una labor familiar o sanitaria. Cuidar debería ser un asunto y una responsabilidad colectiva. En el acto, “Cuidar a quienes cuidan: un reto profesional, social y personal”, que organizamos junto con los Comités de Sostenibilidad Gómez-Acebo & Pombo hemos puesto el foco en una realidad: el cuidado atraviesa todas las etapas de nuestra vida y debe ocupar un lugar central en la sociedad. Como señaló Yago Fernández Darna, moderador del encuentro y abogado de Gómez-Acebo & Pombo: “una sociedad que no cuida es una sociedad que ha olvidado lo importante”.
Además, Yago, ha recalcado el valioso trabajo que realiza el cuidador no profesional: “a pesar de ser una labor oculta, puede ser una de las actividades más sublimes a la que se puede dedicar el ser humano”.
Salome Adroher Biosca, profesora de Facultad de Derecho (Comillas ICADE), ha aportado una visión jurídica y estructural: “el derecho ratifica que la familia es el principal sujeto del cuidado y los familiares saben mejor que nadie como sostenernos. Cuando la familia no llega es el Estado quien tiene que suplir a la familia”.
Por su parte, Antonio Mendoza Díaz-Pache, director de relaciones institucionales del Diario ABC, nos ha confrontado con la realidad: “Los cuidadores forman parte del decorado de una forma transparente”, aunque mantengan realidades enteras. “Somos tan exigentes laboralmente que no queremos mostrar una cierta debilidad ante nuestros jefes o compañeros.”
María Eugenia Herrero, psiquiatra y psicoterapeuta, nos ha devuelto al origen de todo: “cuidar comienza con uno mismo. “¿Qué necesito yo para poder cuidar bien de los demás?”, enfatiza. “Cuanto más cuidemos el capital humano, más cerca estaremos de llegar a una sociedad de excelencia que disfrute de la vida.”
Gracias a Carlos Rueda Gómez-Calcerrada, senior partner de Gómez-Acebo & Pombo por inaugurar la sesión, y a Ana Higuera, directora de la Fundación Fernando Pombo, por clausurarla, ambos desde una perspectiva totalmente humana y comprometida.
También gracias a Carlos Vázquez, Mariana Díaz-Moro Paraja, Francisco Fita Tortosa, Inés Puig-Samper Naranjo e Irene Fernandez Puyol, como parte del Despacho y sus Comités, por organizar e impulsar una sesión que aborda un reto tan cotidiano en la vida de las personas.







